domingo, 12 de julio de 2009

los acordes de la tristeza

Los acordes de la Tristeza

Me hundí en esta música como en un sueño, sin pensar nada, sin esperar nada, exactamente como un hombre que no tiene más remedio que existir.

Gonzalo Arango.

Luisa:

A mis oídos llegan uno acordes de rock suave y en español, y me hacen acordar de vos, esta es tu música preferida, la música para enamorados, como la llamabas; no puse a reproducir esta lista aleatoria pensado evocarte, pero ya que lo he hecho no quiero detenerla, que siga sonando, que yo seguiré recordándote. Ya son casi dos años y medio desde la última vez que te vi, y sé que esta carta jamás llegará a tu poder: no tengo ningún dato tuyo, de vos solamente recuerdo tu rostro, tus caricias, tus besos y tu cuerpo y a él le dedico este poema:


Me hacen falta tú y tu cuerpo:

me hacen falta tus besos,

me hacen falta tus caricias,

me hacen falta tu aliento en me cuello

y tus palabras de amor.

Me hacen falta tus senos:

para besarlos y acariciarlos,

me hacen falta tus piernas:

para recorrerlas y sentirlas,

me hacen falta tu cintura y tu abdomen:

para recorrerlos con mi legua.



Me hacen falta tú y tu cuerpo:

para tenerlo y para tenerte



Quiero escribirte, pero no se qué. Quiero llamarte, hablarte, pero no se tu número, tampoco sé dónde vives; dese que te fuiste de Belén perdimos todo contacto y según algunos rumores solo sé que vives en Buenos Aires, he buscado el nombre de tus padres en el directorio, pero no he hallado a ninguno. Te has perdido y no he logrado encontrarte, aunque en varias ocasiones lo haya intentado. Buenos Aires es un barrio muy grande, he recorrido cada una de sus calles y de vos no he encontrado ni el rastro

En este momento escucho un tango en una versión más rockera y también como dice esta canción:

…te evoco y veo que has sido

de mi pobre vida paria solo una buena mujer…

Junto a vos viví momentos inolvidables:

Recuero que a pesar de vos estudiar en once y yo en noveno, decían que éramos la pareja perfecta; también vienen a mi mente añoranzas del momento de salir de clases y nuestro rumbo era, si no llovía, el parque y si llovía la estación.

Recuerdo especialmente esa vez que salimos temprano y nos fuimos para el parque, Samuel y Daniela fueron a comprar el vino, que vos y yo nos quedamos solos bajo un árbol y justo en ese momento, estaba abrazado a vos, mi cara cerca a tu cara y mientras yo me acomodaba mejor mis labios rosaron los tuyos y en ese instante quise besarte y vos no mostraste ninguna objeción, me besaste. Este beso fue- a mi juicio-extenso e inmediatamente terminó no nos dijimos nada, solo me diste una pequeña y tímida sonrisa que te correspondí con un abrazo, solo al rato hablaste:

-Me gustó ese beso.

-A mi también. ¿Me das otro?

Inmediatamente nos besamos de nuevo, un beso más corto según me pareció a mí, pero igual de agradable.

Jamás te propuse que fueras mi novia, pero podría decirse que llegamos a ese estado; nuestros salones quedaban muy lejos uno del otro, pero en descanso ya teníamos nuestro lugar fijo de encuentros. Me sentía en las nubes al estar con vos.

Desde aquel día de agosto en que me entregaste tu corazón en silencio, que algún tiempo después me recordarían las palabras del profeta Gonzalo Arango: “El silencio de una rosa da más testimonio de Dios que la teología misma, y tal vez tenga el secreto de la belleza de la palabra no puede nombrar.”

Sentía un éxtasis infinito cada día que te veía, y los días que no te podía ver, encontrarte al doblar una esquina era para mí un sueño, la única esperanza que tenía en la vida era esa: verte, hablarte, besarte, decirte lo mucho que te quería y cuanto te extrañaba.

“Miro hacia atrás y solo te veo a vos…”

Todas las canciones que escucho me hacen recordarte, solo me falta llorar para que la tristeza que ahora siento sea completa.

Era un martes de Julio, salimos temprano del colegio y como no había plata y además parecía que iba a llover no hubo plata ida al parque a tomar vino. Nos dijiste que te irías temprano para adelantar un trabajo de filosofía, pensé que te despedirías de mí con un “chao” o un frio “hasta luego”, pero no, te abalanzaste sobre mí y me diste un abrazo, luego bajaste a tomar la 80 ya que vivías en Belén y el bus que te servía se toma en la glorieta de la 80 con San Juan; como yo vivía en Laureles te acompañé por la avenida hasta el paradero del bus. El camino es corto, pero saber que eras una mujer muy agradable y también me bastó para saber que te llamabas Luisa y vos te bastó para saber que yo me llamo Andrés. Me impresiono tu facilidad para hacer amigos, tu violenta ternura y tu bella sonrisa.

Luisa:

A pesar del tiempo y la distancia te sigo queriendo.

A mi mente también llega el recuerdo de nuestra pelea, pero paro perdoname por incluirlo, es algo doloroso para mí. Por eso he decidido omitirlo.

Esta carta que te escribo que te escribo termina aquí, yo no soy Platón para vivir del pasado y además no quiero evocar recuerdos que en su momento fueron dulces y ahora son amargos.

A modo de despedida te dedico el amor que por vos tuve y que hoy perdí, y a mí me dedico la canción que ahora suena:

Las puertas del amor

se cierran en mi cara

lo nuestro terminó

la cosa está muy clara…

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