sábado, 18 de julio de 2009

El día que yo muera...

El día que yo muera,

Si es con prontitud, o

Si es con alguna lejanía en el tiempo, me da igual.

Igual lo esperé,

Igual lo espero,

Igual lo esperaré…

Me gustaría ser enterrado en una tumba sin lápida,

En un gran bosque y en una montaña alta,

Y que solo una cruz en el árbol más próximo

acompañe mi viaje a la eternidad,

-una cruz como símbolo de la muerte-

Una cruz pequeña, tallada en un árbol alto,

alto como mis sueños olvidados.

Que me entierren con una ropa como la que tengo hoy,

como la que tuve ayer y como la que tendré mañana;

Que me entierren con mi cuaderno y mi collar,

mi cuaderno para apuntar mis reflexiones

y mi collar para morderlo mientras pienso…

Como último deseo:

Quiero que sobre mi tumba

se plante una rosa roja…

domingo, 12 de julio de 2009

Me hacen falta tú y tu cuerpo...

Me hacen falta tú y tu cuerpo:

me hacen falta tus besos,

me hacen falta tus caricias,

me hacen falta tu aliento en mi cuello

y tus palabras de amor.

Me hacen falta tus senos:

para besarlos y acariciarlos,

me hacen falta tus piernas:

para recorrerlas y sentirlas,

me hacen falta tu cintura y tu abdomen:

para recorrerlos con mi legua.



Me hacen falta tú y tu cuerpo:

para tenerlo y para tenerte



los acordes de la tristeza

Los acordes de la Tristeza

Me hundí en esta música como en un sueño, sin pensar nada, sin esperar nada, exactamente como un hombre que no tiene más remedio que existir.

Gonzalo Arango.

Luisa:

A mis oídos llegan uno acordes de rock suave y en español, y me hacen acordar de vos, esta es tu música preferida, la música para enamorados, como la llamabas; no puse a reproducir esta lista aleatoria pensado evocarte, pero ya que lo he hecho no quiero detenerla, que siga sonando, que yo seguiré recordándote. Ya son casi dos años y medio desde la última vez que te vi, y sé que esta carta jamás llegará a tu poder: no tengo ningún dato tuyo, de vos solamente recuerdo tu rostro, tus caricias, tus besos y tu cuerpo y a él le dedico este poema:


Me hacen falta tú y tu cuerpo:

me hacen falta tus besos,

me hacen falta tus caricias,

me hacen falta tu aliento en me cuello

y tus palabras de amor.

Me hacen falta tus senos:

para besarlos y acariciarlos,

me hacen falta tus piernas:

para recorrerlas y sentirlas,

me hacen falta tu cintura y tu abdomen:

para recorrerlos con mi legua.



Me hacen falta tú y tu cuerpo:

para tenerlo y para tenerte



Quiero escribirte, pero no se qué. Quiero llamarte, hablarte, pero no se tu número, tampoco sé dónde vives; dese que te fuiste de Belén perdimos todo contacto y según algunos rumores solo sé que vives en Buenos Aires, he buscado el nombre de tus padres en el directorio, pero no he hallado a ninguno. Te has perdido y no he logrado encontrarte, aunque en varias ocasiones lo haya intentado. Buenos Aires es un barrio muy grande, he recorrido cada una de sus calles y de vos no he encontrado ni el rastro

En este momento escucho un tango en una versión más rockera y también como dice esta canción:

…te evoco y veo que has sido

de mi pobre vida paria solo una buena mujer…

Junto a vos viví momentos inolvidables:

Recuero que a pesar de vos estudiar en once y yo en noveno, decían que éramos la pareja perfecta; también vienen a mi mente añoranzas del momento de salir de clases y nuestro rumbo era, si no llovía, el parque y si llovía la estación.

Recuerdo especialmente esa vez que salimos temprano y nos fuimos para el parque, Samuel y Daniela fueron a comprar el vino, que vos y yo nos quedamos solos bajo un árbol y justo en ese momento, estaba abrazado a vos, mi cara cerca a tu cara y mientras yo me acomodaba mejor mis labios rosaron los tuyos y en ese instante quise besarte y vos no mostraste ninguna objeción, me besaste. Este beso fue- a mi juicio-extenso e inmediatamente terminó no nos dijimos nada, solo me diste una pequeña y tímida sonrisa que te correspondí con un abrazo, solo al rato hablaste:

-Me gustó ese beso.

-A mi también. ¿Me das otro?

Inmediatamente nos besamos de nuevo, un beso más corto según me pareció a mí, pero igual de agradable.

Jamás te propuse que fueras mi novia, pero podría decirse que llegamos a ese estado; nuestros salones quedaban muy lejos uno del otro, pero en descanso ya teníamos nuestro lugar fijo de encuentros. Me sentía en las nubes al estar con vos.

Desde aquel día de agosto en que me entregaste tu corazón en silencio, que algún tiempo después me recordarían las palabras del profeta Gonzalo Arango: “El silencio de una rosa da más testimonio de Dios que la teología misma, y tal vez tenga el secreto de la belleza de la palabra no puede nombrar.”

Sentía un éxtasis infinito cada día que te veía, y los días que no te podía ver, encontrarte al doblar una esquina era para mí un sueño, la única esperanza que tenía en la vida era esa: verte, hablarte, besarte, decirte lo mucho que te quería y cuanto te extrañaba.

“Miro hacia atrás y solo te veo a vos…”

Todas las canciones que escucho me hacen recordarte, solo me falta llorar para que la tristeza que ahora siento sea completa.

Era un martes de Julio, salimos temprano del colegio y como no había plata y además parecía que iba a llover no hubo plata ida al parque a tomar vino. Nos dijiste que te irías temprano para adelantar un trabajo de filosofía, pensé que te despedirías de mí con un “chao” o un frio “hasta luego”, pero no, te abalanzaste sobre mí y me diste un abrazo, luego bajaste a tomar la 80 ya que vivías en Belén y el bus que te servía se toma en la glorieta de la 80 con San Juan; como yo vivía en Laureles te acompañé por la avenida hasta el paradero del bus. El camino es corto, pero saber que eras una mujer muy agradable y también me bastó para saber que te llamabas Luisa y vos te bastó para saber que yo me llamo Andrés. Me impresiono tu facilidad para hacer amigos, tu violenta ternura y tu bella sonrisa.

Luisa:

A pesar del tiempo y la distancia te sigo queriendo.

A mi mente también llega el recuerdo de nuestra pelea, pero paro perdoname por incluirlo, es algo doloroso para mí. Por eso he decidido omitirlo.

Esta carta que te escribo que te escribo termina aquí, yo no soy Platón para vivir del pasado y además no quiero evocar recuerdos que en su momento fueron dulces y ahora son amargos.

A modo de despedida te dedico el amor que por vos tuve y que hoy perdí, y a mí me dedico la canción que ahora suena:

Las puertas del amor

se cierran en mi cara

lo nuestro terminó

la cosa está muy clara…

jueves, 9 de julio de 2009

Ajedrez

Esto es la vida:

un juego de ajedrez

entre Dios y el hombre.

Dios comienza con sus 16 piezas

el hombre comienza con:

una torre, un caballo,

un alfil y la mitad de sus peones.

Le falta la reina,

además de comenzar en jaque

y tener las fichas negras.

Vidal Cruz

lunes, 6 de julio de 2009

A la muerte cuando llegue, si es que llega y si es que me doy cuenta cuando llegue le quiero dedicar estas líneas que hoy no sé porque le escribo y que tampoco sé cuándo llegará, puede que sea hoy, puede que sea mañana, o cuando ella quiera llegar, no importa que día sea.

A la muerte cuando llegue le quiero preguntar porque se me ha acercado tanto; algunas veces mostrándome su rostro, otras veces llevándose la gente que a mi lado se encuentra, otras veces viéndole cometer sus actos frente a mí, bueno ella sabe lo que junto a mi hizo, y a quienes junto a mí deshizo.

Ella tiene tantos nombres y seduce a tantos, solo la buscan quienes están en la tristeza y el abatimiento, solo ataca por complacencia a los desesperados y a los jóvenes, solo buscan quienes tienen sueños rotos y las esperanzas perdidas, no le interesa más que a aquellos que viven en el abatimiento.

Muerte: no me asustas, no me importa si te acompaño, me da igual si vienes pronto o si te demoras, igual algún día has de llegar. Llevo tiempo esperándote, jamás te he buscado, te he sentido tan cerca tantas veces, que me has hecho creer que sería el próximo, pero no, mira que cada día que pasa, pasa sin ti.

Muerte, no eres mi amiga, los amigos no se traicionan, ni juegan de esta forma; pero tampoco eres mi enemiga, a los enemigos jamás se espera con ansia, ni con deseo, ni con las ganas de salvarme que tengo. Creo que fue Horacio Quiroga quien dijo que no te temía porque para él eras un descanso; para mí no eres propiamente un descanso, eres un fin deseado, una derrota que todos aceptamos, un fracaso en algunos y una reivindicación en otros, en fin asustas a algunos y complaces a otros.

Eres la enviada de Dios, aquella que junto a Él se regocija con el sufrimiento; lo pienso mejor y no eres la enviada de Dios, eres aquella que le sirve como una especie de peón en un juego de ajedrez entre el Hombre y Dios, un juego que el Hombre tiene perdido de antemano, y que solo se redime en una derrota con honor acompañándote por cuenta propia.

Eres despiadada, insensible y algunas veces eres dulce-solo algunas veces-pero con tu dulzura muchos derraman lágrimas y muchas ilusiones se pierden sin remedio, no has pensado que a aquellos a quienes les das el descanso, los que te buscan por su descanso, de una u otra forma los llevas al oprobio, cada vez que te presentas dejas a alguien llorando. Pero a pesar de ello eres incomprendida, nadie se da cuenta que eres dulce como la miel, solamente creen que eres agria como el vinagre.

Eres como una dulce pesadilla, eres la luz al final del túnel y la salida honorable a la derrota; eres la cruz en la moneda que se llama vivir, solamente apareces una vez, pero esta es definitiva y para siempre. Eres la jueza de la vida, no eres su contraria, pues quien muere igual seguirá viviendo, igual seguirá existiendo, igual te vencen por un momento, tal vez no para siempre, eso quiere decir que no eres tan cruel, la única que es cruel es la vida, ella es quien hace sufrir, nadie se da cuenta que la vida es la que se acaba y que la muerte por siempre perdura. ¿Recuerdas a Romeo y a Julieta? Solamente tú los uniste en la eternidad, el amor de estos jóvenes te lo agradece, la vida fue quien les impidió unirse, pero tú los uniste per secula seculorum.

Vidal Cruz


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