A la muerte cuando llegue, si es que llega y si es que me doy cuenta cuando llegue le quiero dedicar estas líneas que hoy no sé porque le escribo y que tampoco sé cuándo llegará, puede que sea hoy, puede que sea mañana, o cuando ella quiera llegar, no importa que día sea.
A la muerte cuando llegue le quiero preguntar porque se me ha acercado tanto; algunas veces mostrándome su rostro, otras veces llevándose la gente que a mi lado se encuentra, otras veces viéndole cometer sus actos frente a mí, bueno ella sabe lo que junto a mi hizo, y a quienes junto a mí deshizo.
Ella tiene tantos nombres y seduce a tantos, solo la buscan quienes están en la tristeza y el abatimiento, solo ataca por complacencia a los desesperados y a los jóvenes, solo buscan quienes tienen sueños rotos y las esperanzas perdidas, no le interesa más que a aquellos que viven en el abatimiento.
Muerte: no me asustas, no me importa si te acompaño, me da igual si vienes pronto o si te demoras, igual algún día has de llegar. Llevo tiempo esperándote, jamás te he buscado, te he sentido tan cerca tantas veces, que me has hecho creer que sería el próximo, pero no, mira que cada día que pasa, pasa sin ti.
Muerte, no eres mi amiga, los amigos no se traicionan, ni juegan de esta forma; pero tampoco eres mi enemiga, a los enemigos jamás se espera con ansia, ni con deseo, ni con las ganas de salvarme que tengo. Creo que fue Horacio Quiroga quien dijo que no te temía porque para él eras un descanso; para mí no eres propiamente un descanso, eres un fin deseado, una derrota que todos aceptamos, un fracaso en algunos y una reivindicación en otros, en fin asustas a algunos y complaces a otros.
Eres la enviada de Dios, aquella que junto a Él se regocija con el sufrimiento; lo pienso mejor y no eres la enviada de Dios, eres aquella que le sirve como una especie de peón en un juego de ajedrez entre el Hombre y Dios, un juego que el Hombre tiene perdido de antemano, y que solo se redime en una derrota con honor acompañándote por cuenta propia.
Eres despiadada, insensible y algunas veces eres dulce-solo algunas veces-pero con tu dulzura muchos derraman lágrimas y muchas ilusiones se pierden sin remedio, no has pensado que a aquellos a quienes les das el descanso, los que te buscan por su descanso, de una u otra forma los llevas al oprobio, cada vez que te presentas dejas a alguien llorando. Pero a pesar de ello eres incomprendida, nadie se da cuenta que eres dulce como la miel, solamente creen que eres agria como el vinagre.
Eres como una dulce pesadilla, eres la luz al final del túnel y la salida honorable a la derrota; eres la cruz en la moneda que se llama vivir, solamente apareces una vez, pero esta es definitiva y para siempre. Eres la jueza de la vida, no eres su contraria, pues quien muere igual seguirá viviendo, igual seguirá existiendo, igual te vencen por un momento, tal vez no para siempre, eso quiere decir que no eres tan cruel, la única que es cruel es la vida, ella es quien hace sufrir, nadie se da cuenta que la vida es la que se acaba y que la muerte por siempre perdura. ¿Recuerdas a Romeo y a Julieta? Solamente tú los uniste en la eternidad, el amor de estos jóvenes te lo agradece, la vida fue quien les impidió unirse, pero tú los uniste per secula seculorum.
Vidal Cruz
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